¿Y esta mujer qué?
dijo el silencio.
Un misterio afán,
incendiando dulces llamaradas,
una fracción inmensamente exorbitante,
extraño, irreconocible.
Ligero vapor que contonea mis latidos.
Corazón disfrazado de interrogante
y día a día,
un desvanecimiento prematuro
diario de su propiedad
instante de comprender... de averiguar.
Licuar en cuanto pueda
todo ingrediente cosmos de tus ojos,
todo ingrediente mar de tus labios
de tu oleaje cabellera.
En 6 segundos,
interpreté que tus pupilas
deberían soldarse con las mías,
unificarse como historia,
una música secreta que entre lámparas de niebla
seduce a la emoción.
Alba tras alba, percibir la confianza
en oleaje mudo.
Guarda los vestidos de las letras
mientras no sufran
la frialdad y el ardor.
Entre engaños la mirada,
ecuaciones cuadráticas,
sobre el azar de hojas de un destino
de ceniza de miércoles,
de un sol catarina día,
de una luna luciérnaga noche.
Una reflexión,
de aquel columpio que ha de menearnos
en el tiempo de cierto momento...
de fluido a fluido,
conduciéndonos directo al embotellamiento
de un aroma roba horas,
para dar paso a los recuerdos
suave, suave, suavecito... encontrarnos.
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