A cada latido tu nombre
tu espacio...
Ya no me encuentro
en aquel escondite confidente
donde me descubrió a ciegas.
En ocasiones te pienso.
La ocasión hace al ladrón,
eso dice la concurrencia;
pero existe una sentencia
una sentencia enloquecida al ritmo
de los empujones, del desdén de
dos pedazos de carne que revisten tu boca.
Búrlate de mi derecho a estar a tu lado
nube desalmada que ahora llueves y circulas.
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